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Los siguientes artículos están dedicados al escritor Nicanor de la Fuente Sifuentes (Nixa). Nació en Pacasmayo, Trujillo, en 1902. Desde los 16 años vivIó en Chiclayo (Perú) y el 16 de setiembre del año 2008 cumplió 106 años de vida. El domingo 15 de marzo de 2009, a las 2:30 de la tarde, dejó de existir en el Hospital Nacional Almanzor Aguinaga Asenjo.
Carnet de identidad
Nixa
Nací el 16 de setiembre de 1902 en San José de Bellavista, distrito de la provincia de Pacasmayo. La primera sorpresa de mi infancia fue descubrir que allá lejos en el sur, al filo de unas inmensas chacras de arroz, pasaba el tren de la sierra halando carros de carga y coches de pasajeros y luciendo una hermosa estela de humo blanco, audiencia cinematográfica que teníamos los muchachos de entonces y que espectábamos desde la calle Real, cuando el ferrocarril de Pacasmayo cubría la línea hasta Chilete en el departamento de Cajamarca.
Y por el oeste, todas las mañanas oíamos el pito del tren de Pacasmayo cuando llegaba a Calasnique, y cuando salía en su ruta de ida y vuelta a Guadalupe, Calasnique era el desvío para el tren de la sierra.
San José, en ese entonces, sólo tenía calle y media; la calle real y la otra que la llamaban de los Quilcate, porque ahí vivía la familia de este apellido.
En la memoria tengo marcado el nombre de los parientes y personas notables y más allegados a la amistad de la casa y más conocidas. Mi abuelo Manuel Sifuentes, al que arruinaron los chilenos cuando incendiaron la ciudad en 1882; el doctor Julio Olavarría y tío Pedro Ríos y Yépez; don Rosario Quilcate, mi vecino del frente de la casa, y muy conocido por las mulas moras que criaba; don Héctor Sosaya, Don José León Cerna, famoso curandero y componedor de huesos, herencia que cumplieron sus hijos y sus nietos; don Gerardo Vera; don Federico Maradiegue; y don Fredeberto Ortiz.
Mi padre, don Pedro F. de la Fuente Soto, fue casado con doña Julia Sifuentes Ahumada, y soy el primogénito de cuatro hermanos: Matilde, Elena, José Cayetano y Pedro Manuel, Capitán EP. (r). El y yo, somos los dos únicos hijos que vivimos.
Las primeras letras me las enseñaron mi madre, y parte de la primaria anduvo repartida en la escuela del profesor Guanilo, donde aprendí también hasta donde se puede empinar el hombre, cuando el maestro le jala las orejas, y hasta cuánto duele la palmeta; luego pasé al Centro escolar de San Pedro de Lloc, que dirigía el profesor Aponte y también al Colegio de Bolognesi de Pacasmayo, con el director Pedro P. Llontop, y al 221, de don Eliseo B. Cabrejos, cuando en 1918 vine a residir en Chiclayo.
Por razones de familia abandoné los estudios para trabajar, primero como dependiente de abarrotes en la casa Cuglievan, de donde pasé al Banco Perú y Londres, como Corresponsal, y en la Singer Sewing Machine Company, como cajero y Sub Jefe, hasta el mes de febrero de 1931 en que, por razones de política fui cesado.
Desde entonces ingresé al periodismo a tiempo corrido, compartiendo con el poeta Juan José Lora y José del C. Bracamonte la redacción y dirección del visemanario Crítica y el diario La Hora, que fue clausurado en 1933 por uno de los prefectos de la dictadura de Benavides. Poco después editamos Ahora pero otro prefecto, en 1935 ordenó su clausura.
desde entonces me hice futbolista, "pateando latas en las calles", pero con ayuda de comerciantes y amigos me hice vendedor de diversos artículos, porque en 1931 contraje matrimonio con ida Silva Leguía y tenía dos hijos y mis padres y hermanos a quien atender.
Mas adelante trabajé como administrador de la Empresa Peruana Parlante y la Compañía de Seguros Atlas.
Mientras tanto, anduve en las buenas y en las malas, porque también pasé meses en El sexto, de Lima, alojado como preso político de don Manuel Apapucio Odría; pero sin descuidar mi actividad literaria.
Mi primer poema lo publicó Carlos Arbulú Miranda en su revista Frívola, y con un introito de Juan José Lora, me publicaron una página de versos en el semanario Juventud, que editaban con José del C. Bracamonte y José León Barandiarán. En El País, diario chiclayano que editó el doctor Juan Francisco Vílchez, hice mis primeras armas en periodismo, porque en 1924 se publicó mis primeros artículos.
A la vez por esos años fui editor de la Página Literaria de La Tarde, que entonces trató de hacerla revivir don Eulogio Arenas, desde la clausura que tuvo en 1919. Y fue cuando escribía con el seudónimo NIXA-NOR. Uno de esos sábados, me encontré que del poema se me había eliminado el NOR y sólo figuraba Nixa, que es desde cuando he popularizado este seudónimo.
He publicado los siguientes tomos de poesía: "Las Barajas y los dados del alba", en 1938; "La perla de los romances", 1940; "El libro de los tránsitos eternos", 1943; "El aire y otros poemas", 1965; "Huacatil, 1966; "Paisajes para colgar en la pared", 1969; "La broma de los romances y el soneto", 1992; "Jacinto Peje y otras audiencias", 1992; "3 Poemas", donde están incluidos: "El naipe de los vientos", "Tu casa, tu calle y otros impedimentos" y "El columpio de las horas".
En prosa un folleto: "Historia y anécdota del arroz en Lambayeque", "Chiclayo en la anécdota", "A Propósito" y "En la espuma del A Propósito".
En Chiclayo, donde resido desde 1918, y en donde se ha formado mi personalidad literaria, he recibido muchos favores, muchos honores y distinciones. El único cargo político que he desempeñado fue el de concejal en los años de 1930 y 1931, y por 45 días. Soy fundador de La Industria, y desde 1952 con el doctor Miguel F. Cerro, vengo desempeñándome como columnista.
En esta ciudad de Chiclayo he cumplido y festejado la mayor parte de mis años y pienso que este libro de anécdotas de mi provincia de Pacasmayo será el último que logre ver editado, a no ser que Dios, Nuestro Señor, que ha sido tan pródigo en bondades conmigo, disponga lo conveniente, hasta que se cumpla lo que escrito me tiene.
Chiclayo, 1997. Nicanor A. de la Fuente.
Reproducido del libro "Los Hombres de mi Provincia", de Nicanor A. de la Fuente Sifuentes. Abril de 1997. Pags. 1 a 3.
El Círculo de Periodistas
Nixa
Allá por el año de 1925, cuando ya se había editado Juventud, la revista que fundaran Jorge Jiménez Monsalve, José León Barandiarán, José del C. Bracamonte y Juan José Lora, en forma rotativa figuraban cada uno de ellos como Director de la "tirada" que se hacía del semanario literario y un poco humorístico.
Con Valentín Delgado Bueno, Oscar A. Imaña. J. Alvaro mesones, Augusto León Barandiarán, Víctor E. García, Juan Francisco Vílchez, Director de El País, Rómulo Paredes y algunos más, hicimos algunas reuniones y tomamos acuerdos, que no progresaron, porque la política de los de El Tiempo nos negaron participación, si previamente no se les daba los principales cargos directivos. Así que, en tal virtud, se ahondaron las discrepancias y formamos una peña literaria.
Así es cuando don Víctor M. Vélez y Virgilio R. Pérez fundaron La Tarde (1901), los reductibles José Clodomiro Soto y Christian Campos no querían nada con nadie. Y menos cambiar ideas con José María Reaño de Bocanegra, de La Tarde, y tampoco con Alfredo Carrión, irrespetuoso compañero del poeta José Eufemio Lora y sobrino del ateo Juan de Dios Lora; ateo porque era liberal.
En estos tiempos también la política separaba a los periodistas y si no cambiaban lisuras por las calles, se daban de garrotazos y se metían bala, como lo hicieron alguna vez don Carlos Barandiarán, que era de armas tomar desde cuando peleó en Arica el 79.
Yo conocí a don José María Reaño Bocanegra usar un bastón grueso y con nudos amenazadores y unos puños postizos, que dejaba en el escritorio cuando escribía tremendos artículos políticos. Al igual que Pedro José Soto, Maximiliano Oyola, Pedro Cusianovich y la mayoría de los periodistas, escribían con pluma que las limpiaban en la tinta, una vez que ponían punto final al artículo y guardaban con llave en un cajón del escritorio, a fin de que nadie las use y les cambie la letra.
Hasta que se fundó el "Centro Federado de Periodistas". Fue muy dificultoso hacer que armonizaran y sentaran cátedra de buen entendimiento los periodistas chiclayanos. Los debates políticos, las discrepancias ideológicas, llegaban hasta darle mal sabor a la comida familiar.
Cuando Ricardo A. Miranda fundó La Razón en 1929 ó 30, ya nos reuníamos con el doctor Vílchez, de El País, Bracamonte, Carril Muñoz, Arbulú Miranda, Mesones Piedra, en comidas o almuerzos, festejando algún acontecimiento personal; pero de ahí en adelante no se pudo prolongar el entendimiento.
Si no hubo ambiente antes de la caída del régimen de Leguía, peor fue el encono posterior. Hasta los que habíamos sido amigos nos distanciamos; unos, para volverse más civilistas; y otros, para seguir el surco comunista. por eso la fundación del "Centro federado" fue una gran tarea, donde estamos todos defendiendo, no una política, sino haciendo la defensa de la profesión.
Reproducido de la Revista "Primera Plana Regional", Organo Oficial del Centro Federado de Periodistas de Lambayeque. Octubre 1993. Pag. 20.
Recuerdos del canillita
Nixa
No me alcanza el recuerdo para dar la fecha exacta del inicio de los vendedores de periódicos voceando por las calles; pero, hasta el año 1918, era costumbre de los chiclayanos, como pasear, acercarse a las imprentas a comprar el diario, aparte de la forma de suscripción que existía.
La familia que menos estaba suscrita a La Tarde, El País, El Departamento, El Bien Agrícola, El Progreso. Los periódicos grandes, que eran los dos primeros, se venían a 5 centavos ejemplar y los tabloides a 2 centavos, y el periódico tenía un empleado encargado de llevarlo a las casas. Muchos se acercaban a recogerlo o comprarlo y las suscripciones se pagaban mensualmente.
De pronto, y no recuerdo la fecha, salieron los canillitas voceando El País, El Tiempo, que eran los más antiguos, porque los otros desaparecieron y durante los años 30, 32, 34, salieron Crítica, La Hora y Ahora, tabloides que se venían a 10 centavos y que los canillitas los voceaban con entusiasmo y alegres por las calles.
Era divertido verlos salir en tropel de los talleres, a los chicos con su dotación de periódicos, que durante horas los esperaban jugando y peleándose entre ellos. A la hora que llegaban, rendían cuenta de las ventas, porque los diarios se les daba al crédito hasta el día siguiente , y cuando algunos disponían del dinero de la venta, encargaban a otros compañeros sacarles el diario para el otro día pagar y quedar a tablas.
Esa forma de pago de los periódicos por los canillitas, trajo muchos problemas, porque la misión de los administradores, cuando no llegaban los deudores, era salir a buscarlos y muchas veces recurrir a la autoridad de sus padres para que se pongan al día.
Hasta que la modalidad se cambió, haciendo la venta diaria, tal como se usa ahora. Habían canillitas que vendían juntos, o antes que salieran los periódicos locales, El Comercio, La Crónica, La Prensa, que llegaban de Lima a las diez u once de la mañana. Lentamente se ha ido haciendo o formando una seria entidad como es ahora el canillita, que están organizados en un sindicato y cuya fecha de celebración se cumplió el 5 de octubre.
Reproducido del Suplemento Dominical de La Industria, 16 de octubre de 1994. Pag. 8.
Todavía no he llegado a la China
Nixa
En esos tiempos en que la única vía de comunicación que tenía nuestro departamento con la capital de la República era la marítima, los viajes a Lima y viceversa se hacían cada ocho días. Hasta muy poco tiempo recordamos, el cabotaje en la costa peruana lo hacían esos barcos cuyos nombres nos parecen de historia: Ucayali, Urubamba, Mantaro, Pachitea, Cachapol, Palena, de las Compañías Peruana y Sudamericana de Vapores, con el Limarí, que descansa sumergido en la playa de Santa Rosa, desde un 7 de junio en que la nave chilena venía con la tripulación conmemorando el aniversario de la toma de Arica. Tan "tomaos" los niños que perdieron la brújula.
El doctor Luis Odar Seminario era jefe de la Oficina de registros Públicos y, como muchos señores del lugar, recibían El Comercio, La Crónica, La Prensa, etc., de Lima, en paquetes en la abrumadora valija del correo semanal, o sea cada miércoles.
Y era costumbre de algunos lectores más avisados, o por ganarle el tiempo al tiempo, o por estar casi al día con las noticias, iniciar la lectura por los ejemplares correspondientes a las fechas más cercanas y luego revisar distraídamente, como quien no quiere la cosa, los pertinentes a las fechas anteriores.
Pero el doctor Odar Seminario era reglamentado, disciplinado, muy pegado a la letra; cumplía el itinerario de su lectura comenzando por los números más atrasados y terminando cronológicamente con el último, cuando ya el vapor de la carrera estaba en vísperas de llegar al puerto de Eten. Si por esta disciplina estaba retrasado en las informaciones, él cumplía fielmente el orden de las fechas de cada edición, rebajando día a día, meticulosamente, el montón de periódicos de la semana que abrumaban el escritorio, cerca a la cómoda mecedora de sus reposos y meditaciones. Porque, tampoco el Dr. Odar, como otros suscriptores ordenados, era capaz de leer de un tirón dos o tres diarios juntos. De haberlo hecho así, pensaba que ya no tendría elemento para matar las horas desocupadas de los días siguientes, así que distribuía o racionaba su lectura.
El doctor Odar era clubman. Cada tarde concurría al Club de la Unión a participar, con don Manuel Perales, don Pedro Delgado Aurich, don Honorio Ortigas, don Emilio Silva, don Ricardo Miranda y otros caballeros, las delicias del rocambor, a la vez que comentaban las noticias de los diarios limeños.
Sucedió cierta tarde que alguien, adelantado en la lectura, comentaban sobre las acciones de la guerra del año 14, cuando la ofensiva de los alemanes cubría el mapa de Asia. Se armó una discusión y discreparon sobre el nombre de una de las ciudades invadidas. Don Pedro Delgado Aurich, buscando dirimencia, invocó al doctor Odar:
- Tú, que eres el mejor lector, debes estar enterado. Luis, mejor que éstos, el nombre que discuten, así que eres mi gallo de tapada...
- Hoy no podemos hablar del asunto -respondió el doctor Odar- porque ustedes se han adelantado y eso no está bien. Yo, en cambio, me he quedado en Europa y todavía no he llegado a la China. Así que les ruego que me esperen esta semana a que termine mi lectura y entonces hablaremos.
Reproducido del libro "Chiclayo en la Anécdota", de Nixa. 1994. Pags. 83-84.
Nixa periodista
Glicerio García Campos
...
El Periodista
Y llegamos a este punto.
Para Nicanor de la Fuente, su incursión en el periodismo ha constituido otra pasión, ascendente a vocación, profesión y práctica permanente.
Pocos órganos de publicidad en el Perú, en lustros recientes habrán dejado de consignar alguna crónica de Nixa. En el norte, y especialmente en Chiclayo, no ha quedado ninguno de llevar la firma o seudónimo del grato hombre de prensa regional. El multifacetismo intelectual del fecundo trabajador en ese universo de talento y de creación, designó con el periodismo un sitial de honrosa preferencia.
Las colaboraciones que ya preconizaban inmediata madurez de concepción y aporte, pudieron COMENZAR A VERSE, también en 1924, en la Revista Frívola, que dirigía Carlos Arbulú Miranda.
Ya desde entonces, de la Fuente iniciaba su indulgente aceptación a los distintos periódicos y revistas de la región, y también de la capital de la República.
Perteneciente al histórico Grupo "Norte", de Trujillo, Nixa vertió ahí también, dentro de ese conjunto de destacados intelectuales, su caballerosidad y virtuosas condiciones para la poesía, la crítica y el periodismo.
Los años de esa tercera década del siglo continuaban impasibles; pero Nixa no estaba tranquilo sin incursionar en su carrera; de ello aprovechó el diario El País, de Chiclayo, y lo eligió como cronista personal y principal.
Ahí tuvo que vérselas el nombrado periodista, ya que el director y propietario, Dr. Juan Francisco Vílchez descargó sobre Nicanor todo lo más delicado y enjundioso del vocero, pues nuestro dilecto amigo tenía que oficiar de reportero de SOCIEDAD, de arte teatral, de política, de producciones plásticas, de inquietudes agrarias, y hasta de algo así como referí de alguna contienda o debate entre intelectuales del medio. Y, como todo lo hacía bien, el director se frotaba las manos y quedaba feliz.
Y como los días seguían su curso y el creador no cesaba en su infatigable tarea, llegaba el año 1938, que fue cuando el poeta y periodista lanza su primer libro "Las barajas y los dados del alba". Ahí surgió la otra anécdota; la del amigo bufón que, al escribir a Nixa felicitándole le dice: "me han gustado y emocionado tanto tus versos que yo les pondría el título de "Los ...ajos y los dados del alba".
Claro que de anécdotas podría citarse una sarta larga. Aquí va otra: el periodista Nicanor se torna en editor, se asocia con un amigo, asimismo intrépido y fundan un periódico, pero a lo grande, de gran formato cual si dijéramos un vocero de nuestros días, con sus 4 páginas repletas de prosa, verso y casi nada del aderezo que da la publicidad, es decir, los avisitos pagados, que dan soplo de vida a los órganos de difusión. El orgulloso periódico se llamó Excelsior; pero el promisor vocero sólo tuvo dos ediciones de existencia...(no había plata para pagar a los cajistas, y para no ser perseguidos por esos abnegados trabajadores de tipos y volanderas, los editores tuvieron que esconderse, al mismo tiempo que se extinguía la luz de una bella promesa. No terminó a "capazos", pero sí a experimentazos.
Los cajistas...(los cajistas! No muchos saben en estos momentos qué eran o son aquellos de la abnegada especialidad tipográfica, y cómo, tipo a tipo, se elaboran las columnas de los periódicos.
Naturalmente, Nixa no dejaba pasar cuanto significase motivo de inspiración; y en uno de sus libros, recordando tal vez la hazaña de Excelsior, encontramos el motivo y fustigador poema que comienza así, con el rubro de "La imprenta, su anécdota":
"En el único taller armónico donde no es necesario el ritmo
para que el pensamiento entone su canción, entre un telar de chivaletes donde se teje el pensamiento aquel y mecidos por el fragor de los motores de sus manos y de las impresoras, como hormigas, los tipógrafos trepan todas las alturas que tienen todos los idiomas".
Y en ese mismo poema, el cantor engarza entre otro quinteto dedicado al tipógrafo, al "cajista": "(Alma del tipógrafo! Noble pulso del hombre/ que en las inquietas páginas de cien generaciones,/ clarinea el amor a la cultura y al trabajo/ y se hacen cómplices inocentes del que escribe con tinta/ y el que escribe con sangre".
Un poco más acá, cuando la injuria política de los de arriba pretendían mantener la opresión contra la libertad ((ahí y entonces sí se escuchaba por la libertad!), ya fuese con José del Carmen Bracamonte o con Juan José Lora, Nixa escribía valiente, con puño de periodista aguerrido y franco, en los periódicos Crítica, La Hora, cuyos editoriales entrañaban algo así como latigazos al rostro de los mandones de esos instantes de dura prueba para el Perú.
Nicanor de la Fuente continúa impertérrito dando que hacer a la Underwood, en uno u otro vocero de opinión, cual era el destino de su destino, pues jamás negó a ninguno la colaboración de su pluma y talento; mientras por su lado el estro poético no dejaba de fluir y los nuevos libros hasta el número 6, iban llegando a las manos ansiosas de miles de lectores.
El tiempo es otro señor que no deja de caminar; los cajistas iban pasando a la historia y el linotipo se erigía como amo y señor de situaciones entre diarios y revistas.
Un día, y de aquello hace 38 años, nuestro común amigo Dr. Miguel F. Cerro Cebrián, periodista-editor por antonomasia, llama a Nicanor: La Industria de Chiclayo salía a la luz como primer matutino de la ciudad, aquí donde circularon tantos periódicos.
Nixa aceptó la cordial invitación y desde entonces, infaltable a un deber de lo que jamás ha sabido zafar la pluma, en las páginas del diario ha de verse lo sabroso de ese pan ajeno de todos los días.
Es uno de los primeros bocados que el exigente lector busca para desayuno. No faltará la alegre foto del recuerdo, el dibujo o la caricatura de quien o quiénes les tocó en suerte ser tomado por la afiligranada broma --tijera que acaricia--; otra vez le tocará el jalón de orejas al arribista o petulante; porque junto al gráfico estará el texto, siempre tan sereno como elocuente en su jornada constructiva.
Viene al recuerdo aquellos gajes juveniles, cuando un muchacho quería buscarle pleito a otro, y se tropezaban con él, o lo empujaba, para que el aludido o agraviado preguntase airado al agresor si lo había hecho a propósito o había sido de casualidad. Obvio es deducir que, según la respuesta era si se encendía o no el "trompis", que, al fin y al cabo, culminaría en reconciliación y fortalecimiento de la amistad...
Tal pareciese ser el gesto diario, el aporte cotidiano de Nicanor A. de la Fuente, cuando al entregar el fruto, amasado y listo para la circulación y saboreo, y ya no como esfuerzo del cajista ni con los matrices del linotipo, sino mediante el laboratorio del offsett, nos convenciéramos que Nixa no lo produjo de casualidad. Él lo hace...
- "¡A propósito!"
Condensado del discurso de Glicerio García Campos en el homenaje a Nicanor de la Fuente Sifuentes, Nixa, el 20 de abril de 1990 y publicado en "Chiclayo por dentro y también por fuera. Pags. 129-135.
Estos artículos son parte del libro "Hablan los Periodistas. Del Periodismo y de los Periodistas", del escritor, periodista y docente universitario Larcery Díaz Suárez, que contiene gran parte de temas publicados por periodistas del departamento de Lambayeque (Perú). Para acceder a ellos, o para tener más información sobre el autor, te ruego hacer un click en los siguientes link:
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